18 OCTUBRE 1983 – Londres; UK
Esta rara y única sesión de fotos se cree que fuera realizada entre fines de 1983 y principios de 1984 entre algunos de los dos viajes que Madonna realizó a Londres en contexto de su gira promocional del primer disco. El fotógrafo fue Mark Bourdillon y él mismo admitió no estar completamente seguro de la fecha exacta, si bien él cree que fue a fines de 1983, los peinados, el maquillaje y la joyería que Madonna luce en las imágenes encajan más para enero de 1984. La sesión tuvo lugar en «Harry’s Studios», aunque su localización exacta permanece desconocida. De aquel día quedó grabada una anécdota que revela tanto el carácter de Madonna como el clima de la sesión: «Tuve la sospecha de que cuando esta chica vino al estudio en el ’83 iba a tener éxito en el campo que había elegido. Fue fotografiada en el estudio de Harry. Recuerdo que quiso llamar a Nueva York desde el teléfono de Harry. Le dije “No”. Nunca más volvió a hablarme», recordó Bourdillon.

Según versiones posteriores, la producción había sido encargada originalmente como un editorial de moda para el «Daily Star», un tabloide británico de gran circulación. Sin embargo, el proyecto fue descartado antes de su publicación. Como consecuencia, Bourdillon terminó vendiendo las fotografías a distintos medios con el paso del tiempo, lo que explica por qué las imágenes de esta sesión tardaron años en emerger y nunca aparecieron como un conjunto editorial coherente. La periodista Sandra White, ex redactora del «Sunday Mirror», recordó aquel fallido encargo cuando trabajaba en el «Daily Star», dejando un retrato tan incómodo como revelador de la situación: «Una celebridad en ascenso bastante difícil, revisaba los percheros del estudio, tiraba la ropa al suelo, se negaba a usarla y decía ‘esto es una mierda, mierda, mierda’ sobre cada conjunto. Al final, el fotógrafo Mark Bourdillon no tuvo más opción que fotografiarla con su propia ropa».
«Una celebridad en ascenso bastante difícil, revisaba los percheros del estudio, tiraba la ropa al suelo, se negaba a usarla y decía ‘esto es una mierda, mierda, mierda’ sobre cada conjunto» (Sandra White)
Este trasfondo editorial ayuda a comprender uno de los aspectos más intrigantes de la sesión: la coexistencia de dos estéticas claramente diferenciadas. Por un lado, Madonna aparece con pantalones y top a rayas, sombrero de paja y un suéter de mohair a cuadros con escote en V, looks que responden más a una imposición editorial genérica que a su identidad artística. Ella luce también una especie de gran medalla colgada en su cuello, la misma que usó para la sesión de fotos de Brian Aris en enero de 1984 (lo cual es un indicio la fecha de la sesión de Bourdillon)







Por otro, emerge la Madonna auténtica: la que viste el atuendo de gasa y red diseñado por Erika Belle, una imagen cruda, sexual y urbana que ya anticipaba la iconografía que dominaría la cultura pop en los años siguientes.








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