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ON THE COVER: «ROLLING STONE» (USA) – NOVIEMBRE 1984

La primera tapa que Madonna realizó para la revista «Rolling Stone» fue para el número 435 de la edición del 22 de noviembre de 1984. En la misma, Madonna ilustra la portada con una impactante fotografía a cargo de Steven Meisel, quien poco tiempo atrás había realizado el set fotográfico para el disco «Like a Virgin». La nota titulada «Madonna Goes All The Way» consistía en seis páginas completas y una extensiva reseña de los primeros años de Madonna desde su infancia hasta su llegada a la fama en 1984, escrita por Christopher Conelly.  Esta nota es sin lugar a dudas la madre de todas las notas, ya que fue la primera vez que la cantante tiene semejante protagonismo en dicha publicación.

A continuación, la transcripción de la nota…

La cantante no necesita agradecer a ninguna “estrella de la suerte” su nuevo éxito. Ella ha estado planeando esto por mucho tiempo.

Madonna y yo nos encontramos cara a cara en una mesa esquinada en “Evelyne’s” un ruidoso pero elegante restaurante francés en el corazón de la ciudad de New York, el reciente renovado vecindario de “East Village”. Las cosas están cambiando rápidamente en esta parte de la ciudad. Las casa de comida ucraniana con sus frituras y comidas grasosas están dando lugar a tallos de espárragos y a las cadenas de gimnasios. Aunque está en transición muchas de las calles del vecindario, tienen aún aquella desolación que tuvieron cuando la joven Madonna Ciccone llegó a la ciudad por primera vez.

“El primer apartamento que tuve por mis propios medios”, recuerda entre pequeños sorbos de Campari, “era en la calle cuatro y la avenida B, era mi orgullo; estaba en el peor vecindario posible”. En ese tiempo ella luchaba por ser bailarina, una chica de la Universidad de Michigan que se moría por tener atención (pero en el buen sentido).

Lo logró, su voz de sirena y su potente presencia en los videos la han sacado de la obscuridad del centro de la ciudad. Ella ha puesto dos singles TOP10, “Borderline” y “Lucky Star” y su album “Madonna”, ya es disco de platino y aún está alto en los charts luego de más de 40 semanas, lo que hizo postponer el lanzamiento de su ya terminado secundo disco “Like a Virgin”, seguramente repleto de éxitos como su predecesor.

Teniendo en cuenta a Madonna, aunque es facil alejarse de su música y quedarse pegado a sus videos. Estos han redescubierto prácticamente lo que significa proyectar un crudo sex-appeal: retorciendo fervientemente su vestido en “Burning up” como si no pudiera esperar a arrancarse la ropa; sus sensuales labios en “Borderline”; y el frontal erotismo de “Lucky Star”; su pecho y trasero enfrentan a la cámara y su dedo del medio suavemente dentro de su boca. Aún su parte más importante de su cuerpo ha sido su abdomen desnudo, expuesto por su vestuario de dos prendas, esas curvas oscilando a través de las mentes masculinas por todos lados.

Ahora Madonna tiene un espacioso loft en el siempre vivo vecindario de Soho, un contrato para una película (está actualmente filmando “Desperately Seeking Susan” para Orion) y una cantidad de dinero y estrellato que se expande continuamente. Es por eso que no puede evitar mirar por la ventana del restaurante y decir: “Se siente genial regresar a este vecindario y saber que no soy tan pobre como todos aqui”.

¿Eso sonó mal? Lastima (ese es su estilo). Ella esta con el mismo atuendo que en sus videos, pero en persona, ella no tiene la actitud sensual que podrías esperar. Esta es una mujer que guarda su acto de «Bomba Sexual» para cuando sea necesario. Y no se dejen engañar por el cinturón con la hebilla “Boy Toy” (“Juguete de los chicos”). Los hombres que han llegado a estar cerca de ella (muchos de ellos, chicos rudos), han salido con el corazón roto.

A través de su vida, hubo una sola emoción que la guiaba: ambición: “Creo que la mayoría de la gente que me conoce, ya sabe la clase de persona que soy”, dice, “Tiene que ver con lo que haces por tu carrera. Creo que a la mayoría de la gente que se siente atraída por mi, entiende que tiene que tener eso en mente”Algunos si y otro no han tenido la oportunidad de vivirlo: “piensas que por que sales con gente del negocio de la música te entenderán”, dice, “pero la gente es la misma, vayas donde vayas. Todos quieren tener más atención”.

Madonna Louise Ciccone (ella fue nombrada luego de su madre) ha tenido mucha atención en su infancia. Nacida en Bay City, Michigan hace 24 años, hija de un ingeniero de la Chrysler y su esposa, ella era la mayor de las niñas en una familia de seis: la consentida de papá. Pero su mundo se sacudió cuando tenía seis años y su madre fallece luego de una larga batalla contra el cáncer. La tragedia la llevó más cerca aún de su padre y desde entonces hubieron muy pocas mujeres en su vida. “De verdad sentía que era la mujer más importante de la casa”, recuerda, “No había ninguna mujer entre nosotros, no había madre”.

Su pequeño mundo se alteró dramáticamente cuando Madonna tenía seis años, la noche en que su padre anunció a la familia que iba a casarse de nuevo con la mujer que había sido el ama de llaves de la casa. Madonna estaba shockeada. “Fue difícil aceptarla como una figura de autoridad y también aceptarla como la nueva mujer en la vida de mi padre. Él quería que la llamásemos Mamá, no por su nombre. Recuerdo que era muy difícil para mí sacar la palabra ‘madre’ de mis labios. Fue muy doloroso. Detestaba el hecho de que mi madre fue arrebatada. Estoy segura de que puse todo eso sobre mi madrastra”. Tal vez, ella interpretó como un rechazo por parte de su padre, entonces se volcó en el mundo de la fantasía. En octavo grado apareció en su primera película, un film Super-8 dirigido por un compañero de clase en donde un huevo era freído sobre su abdomen. Miraba películas viejas. Actuaba en obras de teatros de los colegios católicos a los que asistía. Bailaba con los éxitos de Motown en el patio de su casa. De hecho fue la danza lo que se convirtió en su pasión de adolescente. Tomaba todas sus clases temprano para poder salir de la escuela y poder seguir tomando clases de danza. Veía a las grandes compañías cuando visitaban la ciudad y su profesor de ballet, se convirtió en lo que ella llamó “mi introducción al glamour y sofisticación”. Él le mostró a su alumna un mundo que ella no sabía que existía. “él solía llevarme a las discotecas gay en el centro de Detroit. Los hombres se volvían locos. Todos vestían muy bien y eran más libres sobre ellos mismos que todos aquellos jugadores de football de mente cerrada que conocía en la escuela”.

Rígido pero con sentido del humor, él se volvió el primer mentor de Madonna: “El me hizo superarme” dice. Más allá de todo, ella era maravillosamente talentosa y él pensaba que podría hacerla grande. “Constantemente él me decía todas esas cosas sobre New York. Yo dudaba y mi padre y todos los demás se oponían, pero él me dijo: ‘hazlo’”.

Con unas bases sólidas en la danza, Madonna se gradúa de la Rochester Adams High School en 1976 y se gana una beca para el Departamento de Danza de la Universidad de Michigan. Una vez allí, la Madonna de 17 años (pero no menos seductora con su cabello muy corto y oscuro) vivió entre los poemas de Anne Sexton y Sylvia Plath y concurrió a todas las clases de ballet de manera frenética.

Una ex compañera de Madonna recuerda que cuando hacía el “plié”, ella lanzaba un intenso gemido en la clase. O el día de calor cuando comenzó a quejarse porque debía usar mallas y no podía estar solamente en corpiño. “Era muy molesta”, dice. “Hacía todo lo que podía para obtener atención y llevar la contraria al resto del mundo. Desgarraba mis mallas y las sostenía con pequeños alfileres de gancho; me subía las medias. Y luego iba a bailar después de clases”.

Ahí es exactamente donde fue una noche: al “Blue Frogge”, la discoteca más concurrida de la Universidad. Ella bailaba desenfrenadamente (rodeada de chicos blancos haciendo sus imitaciones de John Travolta) cuando en un momento aparece este camarero negro. Madonna recuerda: “Él era lindo. Alguien con mucha onda que no podías dejar de mirar. Fue la primera vez en mi vida que le pedí a un chico que me invitara un trago”. Y él lo hizo. El chico que ella encontró era un músico llamado Steve Bray y eventualmente cambiaría su vida. Bray (sofisticado y cool) era baterista en una banda de R&B. Madonna se volvió su seguidora.

“Ella no estaba en la música entonces, solo bailaba” dice Bray hoy. Más allá de su belleza, Bray recuerda verse cautivado por una verdadera aura que rodeaba esta atrevida mujer. Era inequívocamente el aura de la ambición. “Estaba bien plantada. Tenía una gran energía. En que dirección ella posicionaría esa energía aún no se sabía; pero definitivamente la tenía”.

“Esos eran los buenos tiempos” recuerda Madonna. “Pero yo sabía que mi estadía en Michigan era a corto plazo. Para mí estaba bien para refinar mi técnica”. Luego de cinco semestres ella abandonó su beca de cuatro años y comenzó a direccionarse hacia la ciudad de New York. ¿Steve? Oh si…mirando atrás creo que probablemente se haya sentido un poco mal pero yo era muy insensible en esos días. Totalmente egoísta”. No sería la última vez.

Cada vez que se escribe sobre Madonna se dice que participó en el “Alvin Ailey American Dance Theater”. No fue así. Luego de su llegada a New York aparentemente ganó una beca de estudio y luego tomó clases con la tercera compañía de la Escuela, que era algo así como una prueba para la categoría sub-junior. Aún así, fue su primer encuentro con gente que estaba en la misma dirección que ella. “Creí que estaba en una producción de ‘Fama’”, bromea. “Todos eran hispanos o negros y todos querían ser una estrella”.

Madonna no podía ser menos. Luego de un par de meses, dejó a Ailey y se unió a Pearl Lang una ex bailarina de Martha Graham cuyo estilo Madonna describió como “lleno de dolor e ira”. Esta no fue una unión perfecta y dejó la compañía poco tiempo después. Tratando de sobrevivir en la ciudad e ignorando las constantes plegarias de su padre para que abandonase esa tonta idea y terminara sus estudios, Madonna comenzó a buscar algún trabajo menos limitante: donde no solo tuviera que bailar sino también cantar. Así conoce a Dan Gilroy.

Él no era un chico con onda como los que conocía; él era un amable y centrado joven de Queens. Dan y su hermano Ed, eran músicos y vivían en una sinagoga abandonada en Corona, Queens, donde también ensayaban. Madonna y Dan se conocieron en una fiesta y tuvieron onda (ella pasó varias noches en la sinagoga). “Él puso una guitarra en mi mano y lo convirtió en un acorde completo” recuerda “eso realmente hizo un clic en mi cerebro”. Así que decidió dejar un poco las clases de baile.

Mientras la relación con Dan crecía, a Madonna se le presenta lo que sería la oportunidad de su vida; viajar a París y hacer los coros y ser bailarina de Patrick Hernandez, un cantante disco que había lanzado un éxito mundial con el olvidable título de “Born to be Alive” (“Nacer para estar vivo”). Le dieron un hermoso apartamento, una mucama, un profesor de canto y gente que oriente su carrera. “Estaba en el paraíso” recuerda “No dejaba de pensar que eso era increíble”. En París todo era como lo prometido, pero ella no era feliz. “Yo era como la pobre niña rica” recuerda. El entrenamiento era una broma. Nadie hablaba en inglés. Decían que querían convertirla en la “nueva Edith Piaf” pero ¿cómo lo harían si no había compuesto nada? Se sentía sola, miserable y aislada. “Una vez más me vi forzada a interpretar el papel de niña terrible. Lo único que quería hacer era causar problemas, porque ellos me tenían en un ambiente que no me permitía ser libre”. Así que ella pedía tres tipos de postres en los más caros restaurantes y no comía nada. Salía con un chico motociclista vietnamita; fue a Túnez con el grupo de Hernandez y salía con chicos locales; nadaba con sugerentes trajes de baño. Sólo quería llamar la atención.

Por supuesto, aún estaba este chico en Queens enviandole cartas de amor. “El fue mi salvador. Sus cartas eran tan divertidas. Pintó una imagen de la bandera americana y escribió sobre ella como si fuera del presidente. ‘Te extrañamos. Debes regresar a América’. De verdad me hizo sentir muy bien”. Un supuesto caso de neumonía la hizo regresar a su país y tan pronto llegó, corrió hacia la Sinagoga. Ella pasó la mayor parte de ese año allí, escribiendo canciones por primera vez y aprendiendo a tocar una variedad de instrumentos. “Fue mi instrucción música intensiva. Fue uno de los tiempos más felices de mi vida. Me sentía amada de verdad. A veces, escribía canciones tristes y él se sentaba y lloraba. Era muy dulce”.

En ese ambiente de enseñanza, Madonna y los hermanos Gilroy formaron una banda llamada “The Breakfast Club”, con su ex amiga de ballet, Angie Smith en el bajo y Madonna en la batería. Ensayaban todos los días allí; Madonna aún no se había mudado con su novio. “Me quedaba con ellos mucho tiempo pero no vivía allí. Recuerdo con le pregunté a Dan si podía vivir con ellos. El me respondió que debíamos preguntárselo a Ed. Y le dije ¿Ed?. ¿Debes preguntárselo a Ed?

Los Girloy habían entrenado sus habilidades musicales por algunos años, pero la técnica no es la manera más fácil de triunfar en la industria musical y Madonna tenía algo que era más útil: carisma. Dan Gilroy lo recuerda bien: “Ella se levantaba rápido en la mañana. Tomaba su café rápidamente y se ponía al teléfono llamando a todo el mundo. Desde los empresarios musicales locales hasta el representante de Bleecker Bob. A todo y a todos”.

Madonna dice: “yo solo estaba más orientada y enfocada en lo comercial que ellos. Llegué a una situación que quería que ellos me ensañaran todo lo que sabían. Quería aprender todo porque estaba segura que podría utilizar luego todo eso para mi benficio”. ¿Frías palabras? Puede ser. Ella sabía que hacer. “Inmediatamente que comencé a trabajar con ellos, comencé a pensar en contratos musicales, hacer discos y shows y cosas como esas. Y, por supuesto, la mayoría de la gente con la que tienes que lidiar son hombres y pensé que yo era naturalmente más encantadora que Dan y Ed con todos estos viejos calientes empresarios”. Como ella misma se dio cuenta Dan Gilroy “había creado un monstruo. Siempre estaba pensando en ser cantante. Y ellos no necesitaban una”.

Dan se vio dividido entre su novia (quien quería cantar más y quería que la banda toque sus canciones) y su hermano, Ed. Luego de un año, Madonna anuncia su decisión de regresar a Manhattan y continuar con su carrera como cantante. El romance (y el período de instrucción) había terminado. “Supe que ella tenia esa devoción y constancia para perseguir lo que desea” recuerda Dan. ¿Ella era más talentosa que sus amigos? “No, no me impresionó…bueno era divertida. Ella podía estar ayudándome en un trabajo y ponerse a bailar de repente. Era increíble para llamar la atención. Asi que eso tiene que significar algo”.

Si, pero dada las tensiones ¿Estaba Dan contento de dejarla ir? “Bueno no” dice “La extrañaba mucho”. Él se había hecho cargo de ella y le había enseñado sus habilidades, y ahora ella lo estaba dejando. La mayoría del tiempo ella ni siquiera tenía un trabajo estable. “Bueno yo tenía trabajo, así que tenerla allí era como un bonus. Fue divertido. Fue un buen año” dice Gilroy. De regreso en la gran ciudad una vez más, Madonna rápidamente armó su propia banda. La buena suerte se presentó en la forma de una llamada telefónica de su amigo de Michigan, el baterista Steve Bray (estaba yendo a New York). “Descubrí que por casualidad ella estaba necesitando un baterista. Así que dije, esta bien. Estaré allí la semana próxima” recuerda Bray.

“Él me salvó la vida” recuerda Madonna. “Yo no era lo suficientemente buena como para decir a los músicos lo mal que estaban tocando”. El tiempo comenzó a hacerse productivo cuando comenzaron a trabajar juntos componiendo canciones. Se mudaron con sus equipos al “Music Building” un edificio de doce pisos dedicados a salas de ensayos. Había mucha gente del ambiente de la música Dance. “Me parecían holgazanes” recuerda ella “tenía mucha atención de ellos pero sabía que muy pocas personas podrían sacarme de ese edifico y hacerme triunfar”. Bray se dio cuenta de que Madonna no era muy popular en el lugar. “Creo que había mucho resentimiento hacia ella porque llamaba mucho la atención. Hay muchos músicos pero solo muy pocos tienen carisma. La comunidad musical no la quería. Le costaba hacerse amigos”.

No le importó demasiado a Madonna, que pensaba que los grupos que había allí sólo querían triunfar para sus amigos; ella quería triunfar para el país entero y la gente no aprobaba eso. Bray recuerda “era como vivir en una comunidad. Muy cerrados. Si eres bueno en New York podías tener algunos trabajos en CBGB’s o Danceteria, y eso estaba bien. Lo lograste. Pero ese no era definitvamente el caso de Madonna”. Su banda cambiaba de nombres como de medias: primero fueron “Los Millonarios”, luego “Modern Dance” y finalmente “Emmy” luego de un apodo que Dan Gilroy le puso a Madonna. “Yo solo quería que se llame Madonna, pero a Steve le pareció desagradable” recuerda ella. Con cualquier nombre, era una banda basada en el rock and roll. “Ella tocaba rock. Influenciada por The Pretenders y The Police. Si hubieramos encontrado al guitarrista adecuado las cosas podrían haber mejorado. Pero parece haber tantos malos guitarristas en New York y parecía que nosotros los teníamos a todos” recuerda Bray.

No había dinero y la banda finalmente se separó. Mientras tanto, una representante escuchó un demo que Madonna había grabado (era una versión temprana de “Burning up”) y la contrató. Como parte de trato, a ella se le dio un salario y se la mudó del “Music Building” a un espacioso lugar en el Upper West Side. Madonna rápidamente quiso llevar a Bray en su viaje. Su nueva banda, llamada “Madonna” comenzó a tocar nuevamente por el circuito chico de New York. Aunque la noción de Madonna por la música comenzó a cambiar nuevamente. Eran los días de la música urbana en las radios de New York y Madonna había quedado cautivada por el sonido funky que escuchaba. Ella comenzó a escribir material de ese estilo, pero la banda y su manager lo odiaban. “No estaban acostumbrados a ese tipo de cosas y yo acordé con mi manager hacer rock, pero mi corazón no lo sentía de verdad”.

Ella ensayaría rock and roll con la banda, pero luego junto a Bray compondrían cosas más funky. Hubo peleas, discusiones. La banda se molestó mucho. “Finalmente dije: olvidenlo. No puedo seguir con esto más. Tendré que empezar otra vez de nuevo”. Y así lo hizo, con el fiel Bray a su lado. Durante el día ellos escribían canciones y en las noches se movían en los clubs: los viernes en “The Roxy”, los otros días en “Dancetería”, el lugar oficial de los chicos blancos con onda y sentido del humor. Era divertido, seguro, pero era también la manera de preparar el terreno, de hacerse notar, de subir a la cabina del Dj y entregarle una cinta demo. En «Danceteria» ella captó la atención de Mark Kamins, un respetado Dj con contactos en las compañías disqueras. “Ella era una de mis bailarinas se podría decir. Había una multitud allá afuera que venia cada sábado a bailar” recuerda Kamins. ¿Sabía él que ella tenía otras ambiciones? “Todo el mundo las tiene en una discoteca, pero ella era especial”. El estaba muy impresionado con lo que vio. Ella le dio una copia de su demo; una canción que había compuesto con Bray que incluía una canción llamada “Everybody”. “Yo coqueteaba con él” admite Madonna. Kamins y ella comenzaron a salir. Él escuchó la grabación y le gustó. Pasó la canción en el club (sólo un demo de cuatro temas) y a la gente le gustó. Fueron al estudio con ella y un productor y mejoraron la versión. Y luego la llevó a Sire Records con la intención de conseguirle un contrato. Bray estaba feliz, finalmente podría producir a Madonna profesionalmente. Lo que él no sabía es que Madonna había prometido a Kamins que sería él quien produciría su disco a cambio de sus contactos. Los ejecutivos de la Sire y la compañía principal Warner ya habían dado el visto bueno. Madonna sin embargo, tenía una sorpresa para ambos. Ni Kamins ni Bray producirían el primer disco. El trabajo quedó en manos del productor de Stephanie Mills, Reggie Lucas. ¿Porque? “Estaba muy asustada. Pensé que me habían dado el huevo de oro. Pensaba, esta bien, Mark podría producir la música y Bray tocar los instrumentos; pero Bray también quería producir. Era horrible pero no podía confiar en ninguno de ellos”. Ambos quedaron con un sabor amargo. “Steve no creía en lo verdadero de la situación” dice Madonna. “Fue difícil de aceptar” dijo Bray luego.

¿Y qué pasó con Kamins? “Igualmente, no pensaba que Kamins podría hacer un disco completo” dice ella. Kamins fue informado no por la mujer que le había hecho la promesa sino por la empresa. “Fue duro seguro, pero aún así seguía teniendo las regalías por el disco” dice traquilamente el Dj. Madonna seguía actuando pero no con una banda. Ella se subía al escenario y bailaba en clubs y cantaba sobre las pistas haciendo playback, adornando su interpretación con sus movimientos sensuales que hoy son su marca registrada. Ahí fue cuando Lucas (sin saber la intriga que lo había precedido) vio a su nueva artista. “Quería llevarla a una dirección más pop. Ella estaba más orientada hacia lo disco, pero pense que debía apuntar a un publico más general. Es gracioso lo que pasó con Kamins, porque fue exactamente lo mismo que me pasó a mí con su segundo disco; cuando contrataron a Nile Rodgers” recuerda Reggie Lucas.

Y el resto es historia, aunque fue una historia que llevó mucho tiempo. El primer sencillo luego del disco, “Holiday”, no fue un éxito inmediato, pero Madonna estaba contenta. “Todo lo que decía era, que sabía que el disco era bueno y uno de estos días, Warner Bros y el resto de ellos se iban a dar cuenta”. Sus videos fueron su trampolín, ya que Madonna perfectamente utilizó su entrenamiento de baile con su experiencia callejera. ¿Cómo se las arregló para mostrar tanta sexualidad cuando tantas han intentado lo mismo y fracasado? “Creo que eso es porque ellas no estaban en contacto con esa parte de su personalidad. Dicen, bueno tengo que hacer un video y una estrella pop debe ser sexual, asi que ¿cómo hago eso? En lugar de estar en contacto con esa parte de ellas mismas. Yo estuve ligada a ese aspecto mío desde que tenía cinco años”. Mantenerla a ella en contacto con esa parte de su personalidad está ahora a cargo de John “Jellybean” Benitez. Ambos se conocieron durante una actuación de Madonna en “The FunHouse”, la discoteca donde “Jellybean” ganó su reputación. Han estado juntos desde el año y medio pasado, pero Madonna ha lanzado la sugerencia de que no es su relación más estable. “¿Porqué tendría que serlo?” ella exclama antes de lanzar una carcajada. “Tuvimos nuestros altos y bajos, no nos engañemos”. Aún así, la relación era lo suficientemente seria como para que ella lo llevara a su casa a conocer a sus padres. ¿Porqué “Jellybean” se mantiene a su lado aún cuando muchos han fracasado? ¿Creerían en la ambición? “Ambos comenzamos a movernos en el mismo sentido” dice “Jellybean”. “Mi carrera había explotado en la industria y la ella en el mercado. Ambos estábamos muy orientados en nuestras carreras”. Lo que significa que la relación está a salvo, al menos por este tiempo.

Nuestra cena ha terminado. Durante este tiempo, Madonna ha llenado el lugar. Ella es todo menos ignorada, pero está bien. Tiene sus recompensas. En todas partes su influencia se esta volviendo masiva. Los clones de Madonna están atándose el cabello, colocándose los rosarios y mostrando el ombligo de costa a costa. Es una peculiar indicación de el estado de estrellato que Madonna ha adquirido, solo una pequeña muestra de su fama. Ella no ha salido de gira aún (al menos no hasta el año próximo). Ella no ha salido de New York muchas veces. Puede contar con los dedos de una mano las veces que viajó. Por ahora el murmullo del reconocimiento es fácil de lidiar, aún en una visita a «Danceteria». “Es como volver a mi secundaria” bromea en el taxi y su llegada trae una extraña mezcla de admiración, cordialidad excesiva y una actitud de “que-haces-aquí”. Recibe un abrazo de su amigo el artista de graffitis Keith Haring y besos en la boca de varios admiradores “Tienes que tener cuidado con quien te besas en la boca estos días”, dice mientras se seca los labios. Aún no hay locura ni desenfreno de la gente, no le piden autógrafos pero su presencia claramente alegra a todos allí. Tiene un éxito no calificado. Pero ¿ella usó a la gente para llegar ahí? “Creo que mucha gente se sintió usada por ella” dice Dan Gilroy, “pero de nuevo, todos tienen tan grandes expectativas con una relación con ella. Ella es muy intesa incialmente, muy amigable. Tal vez la gente piensa que esa es la idea de la relacion. Y luego cuando ya no hay tanta amabilidad, la gente lo toma como un rechazo”.

¿Cuál es la conclusión final? Para sumar a la gran cantidad de regalías que el disco “Madonna” y la canción que produjo, Mark Kamins dijo que su sociedad con Madonna le ha dado un disparo en el brazo. Reggie Lucas esta inundado de proyectos. Steve Bray eventualmente volvió a unirse a Madonna (la relación era demasiado larga como para dejar que algo se interponga) y comparte los créditos de autor en cuatro de los temas de su próximo disco. Y Dan y Ed Girloy de “The Breakfast Club” (cuyo primer LP saldrá a principios del próximo año) tuvieron que encontrar otro baterista para reemplazar a Madonna: Steve Bray, quien tiene la última palabra en aquellos a los que ha tocado Madonna. ¿Usados? La gente diría eso, pero eso es el resentimiento de alguien que no tiene el control. Parece que estas dejando atrás a la gente y que estás pisando cabezas para llegar y el hecho es que tú te estás moviendo y ellos no. A ella no le importa ser tan amable. A ella no le importa si le mueve las plumas a alguien más. ¿Verdad, Madonna Ella sonríe…

”C’est vrai”.


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