VARIEDADES

“LOS DIARIOS DE EVITA” (PARTE 02: FEBRERO 1996)


ESTOS SON LOS DIARIOS PERSONALES QUE MADONNA ESCRIBIÓ DURANTE EL RODAJE DE LA PELÍCULA “EVITA” Y QUE FUERON PUBLICADOS EN DOS PARTES EN LA REVISTA “VANITY FAIR” DE LA EDICIÓN DE NOVIEMBRE Y DICIEMBRE DE 1996


BUENOS AIRES

Jueves 01 de febrero de 1996

Me levanté exhausta esta mañana. En mis sueños, tenía que defenderme y luchar para salvar la vida. Luchando… ¿por qué? Al levantarme, me eché un vaso de agua fría a la cara, y al mirarme en el espejo, vi una pequeña postilla roja en la frente. El resultado de alguna batalla nocturna. ¿Me ataqué a mí misma de modo inconsciente durante el sueño? Quizá sea la consecuencia de la conversación que tuve ayer con Constancio Vigil, quien intentó explicarme por qué Menem no quiere conocerme. Por supuesto, no me dijo nada que yo no supiera, y es francamente insultante que el presidente pueda quedar con Claudia Schiffer y entretener a los Rolling Stones y en cambio, no pueda conocerme a mí. Esto confirma mi hipótesis de que, si tienes una opinión o algo que decir en este planeta, se te considera una amenaza. Algo que temer. Hablamos de política, y cómo Menem, a través de la privatización de empresas está intentando compensar todos los errores que cometió Perón. Le pregunté por qué Menem se llama a sí mismo un peronista, si en realidad sus políticas son tan distintas. Me dijo que Menem está haciendo lo que Perón haría si aún fuera presidente. Buena respuesta. Por algo los llamamos políticos. Me pasé el resto de la velada intentando defender las elecciones que he hecho a lo largo de mi carrera. A menudo digo que no me arrepiento de nada, pero supongo que sí lo hago, al final. Si hubiera sabido lo universalmente incomprendida que iba a ser, probablemente no hubiera sido tan rebelde y extrovertida. Jamás pensé que diría esto, pero estoy tan cansada de tener que explicar todas mis decisiones, y estoy tan harta de que me digan: «oye, eres muy inteligente, no eres lo que esperaba». ¿Podría una idiota haber llegado tan lejos? A veces me pregunto si hubiera podido ser alguna vez ese tipo de chica sumisa, dulce y femenina que el mundo idealiza. He estado llorando todo el día. Estoy tan harta de esas horribles fotos que la prensa usa… Escogen aquella en la que salgo más horrible, y la ponen a primera plana, tan sólo para torturarme. Hay una genial en la que uno de mis guardaespaldas parece estar agarrándome un pecho. Mi pelo aparece completamente despeinado, y parece que acabara de recibir sesiones de electro shock. Fantástico. Durante los ensayos me sentí como la chica honesta con la que nadie quiere bailar. Darius me invitó a cenar, y estaba tan deprimido como yo. Un amigo suyo acababa de morir en un accidente de coche. Nos intentamos animar mutuamente. Él me llama Lola Spaguetti, y yo le llamo Señor Basmati. Me hace reír.

Viernes 02 de febrero de 1996

Soñé que Sharon Stone me invitaba a su casa porque quería conocerme mejor. Fui, con ciertas reservas, y la encontré en el baño con un traje rojo y toda maquillada. Oímos voces en el exterior, ya que alguien llamó al timbre, y Sharon sumergió la cara en el agua, para demostrarme que no le importaba que la gente la viera con mal aspecto. Abro la puerta y me encuentro a Courtney Love, con el vestido hecho jirones, y apuntándome con una escopeta, gritando: «Sé que estáis las dos ahí, os mataré». Entonces se pone a reír como una loca, diciendo que es tan solo una broma. Mi perro empezó a ladrar y me desperté. Gracias a Dios. Otra razón por la que no tomar Xanax para dormir. Estoy tan cansada hoy… He estado bailando horas en los ensayos con cuatro diferentes bailarines de tango, y cada cual me ha aterrado de un modo distinto. Tres eran mayores y tenían un aspecto gracioso. El otro era joven, y también tenía un aspecto gracioso. Pensaba que era una bailarina de tango bastante decente, hasta que he bailado con estos hombres. Los tres mayores fueron muy pacientes, pero el joven se pasó todo el rato intentando demostrar lo bueno que era, y llevaba encima demasiada colonia. Me encanta el tango, pero sé que tengo que practicar mucho más, así que dedicaré la tarde del domingo a ensayar con ellos. Esta noche tengo otra cita secreta con Constancio. Espero que me traiga buenas noticias. Mañana llega Antonio Banderas, y la prensa está intentando vender la historia de un supuesto enfrentamiento entre su novia y yo, lo que es estúpido por completo, porque todo el mundo sabe que jamás saldría con un hombre que usa botas de vaquero.

Domingo 04 de febrero de 1996

¡Vaya noche! Decidí celebrar una cena en honor de la vieja guardia con la que me he estado entrevistando estas dos semanas. Mi intención era que Alan los conociera, así que lo invité. También vino el resto del equipo creativo que trabaja en la película. Vestuario, maquillaje, peluquería, diseño de producción, etc. Se celebró en una de las salas ornamentadas de la primera planta. Ordené colgar una pintura que encontré en San Telmo sobre la chimenea, encendí velas por todas partes, y apagué las luces. Mambo y tango de fondo. Muy romántico.
Vince Paterson, el coreógrafo, me invitó a bailar un mambo con él; la gente se apartó para dejarnos sitio, y les enseñamos un par de cosas a esos viejos argentinos. De repente, eché de menos Miami; me encanta bailar mambo allí. PD: El presidente finalmente está de acuerdo en conocerme. La cita es el miércoles, en una isla lejana a la costa. Parece que los únicos medios de llegar hasta ella son en helicóptero o en bote. Todo muy secreto.

Lunes 05 de febrero de 1996

Me duele el estómago y tengo algo de náuseas. ¿Será, quizá, porque me desperté al alba, habiendo dormido tan sólo dos horas?, ¿o quizá porque me comí una caja entera de galletas en menos de diez minutos?, ¿tal vez porque la conferencia de prensa es mañana, y estoy algo nerviosa?, ¿o es el resultado de la epidemia de cólera que poco a poco se adentra en la ciudad? Sea por la razón que sea, espero que desaparezca pronto. Ya tengo suficientes cosas por las que preocuparme. Mañana me veré las caras con la minoría conservadora que se opone vehementemente a la filmación de esta película. Van a hacerme estúpidas preguntas. Me preguntarán si soy católica, si llevo bragas y si soy una persona solitaria. Sí. Sí. A veces.

Martes 06 de febrero de 1996

¡Por fin se acabó! Una conferencia de prensa equivale a cien visitas al dentista. Mi corazón palpitaba con tanta fuerza que supuse lo escuchaba la habitación entera. Después de todo, no ha sido tan horrible como esperaba. Un par de preguntas raritas a cargo de unas mujeres con aspecto de no tener demasiado amor en sus vidas. Jonathan Pryce, que interpreta a Juan Perón, estuvo bastante ingenioso. Dos chicos guapos se sentaron en la primera fila, y se pasaron la tarde mandándome besitos y vocalizando «te quiero». Me animó inmensamente verlos allí. Sigo leyendo críticas horribles sobre mí, incluso en los periódicos americanos, y de algún modo consiguen hacerme daño. Soy incapaz de acostumbrarme a la hostilidad provocada por el miedo y la envidia. Un deseo básico e instintivo por el que un humano desea ver el fracaso de otro humano. La parte positiva es que David Caddick, el director musical, a quien adoro de todo corazón, ha llegado. Mañana cenaremos. Estoy tan contenta de que esté aquí. Oh, se me olvidaba. Un coro se puso a cantar bajo mi balcón. Fue genial.

Jueves 08 de febrero de 1996

Ayer soñé con Evita. Al mismo tiempo, podía verla desde el exterior, y sentir todo lo que llevaba dentro. Era una espectadora, pero la propia Eva a la vez. Pude sentir su tristeza, el peso de la lucha infatigable que sostenía. Me sentía ansiosa, hambrienta, necesitaba darme prisa. Cuando el helicóptero se elevaba del suelo, camino de la reunión con Menem, comencé a pensar cómo me sentiría si, como Evita, supiera que me estaba muriendo de cáncer. Comprendí entonces el estado febril en el que Evita vivió sus últimos años. Necesitaba que su vida tuviera sentido. No tenía tiempo para la burocracia de los gobiernos. Necesitaba resultados tangibles. La idea de la muerte resulta menos terrible si dejas un legado a tus espaldas, y Eva no quería ser recordada como una chica de pueblo, o como una actriz de serie B, o como la esposa del presidente. Quería ser recordada por su bondad. El deseo de alguien que ha sido déspotamente incomprendido. El presidente Menem es un hombre muy agradable. Me sorprendió lo bien que le caí. El helicóptero aterrizó en mitad de una hermosa isla situada en el delta del El Tigre. Cientos de flamencos echaron al vuelo al vernos llegar. Cuando me dirigía hacia el presidente (bajito, desafiante y de tez morena), un pequeño cervatillo se acercó hasta mí y me acarició con el morro, como diciéndome: «no te preocupes, eres bien recibida en este lugar». Me sentí como en un cuento de hadas. Junto al presidente estaban un grupo de hombres de aspecto sospechoso y una preciosa mujer mayor que hizo las veces de traductora. Nos sentamos inmediatamente. Sus ojos recorrieron palmo a palmo todo mi cuerpo, atravesándome. Un hombre muy seductor. Me di cuenta de lo pequeños que eran sus pies, y también de que se tinta el pelo de negro. Me dijo que tenía el mismo aspecto que Evita, a la que conoció cuando él era muy joven. Hablamos de mi obsesión por conocer cada detalle de la vida de Eva. No me quitaba los ojos de encima. Los mosquitos comenzaban a devorarnos, así que entramos en el interior de la hacienda. El dueño, muy amablemente, nos trajo champagne y caviar, y no pude resistirme. Puse algunas de las canciones de la banda sonora, para que comprendiera el sentimiento y la intención de este proyecto. Cuando escuchó la nueva canción en la que Eva le dice a Perón que se está muriendo, pude ver una lágrima en sus ojos. Me di cuenta de que esos hombres de aspecto sospechoso seguían a Menem a todas partes, satisfaciendo cualquier necesidad del presidente. Parece que estén realmente enamorados de él. Sus peinados daban bastante pena, y no paraban de mirarme con aspecto desagradable. Pillé a Menem mirándome el tirante del sujetador, que asomaba un poquito. Lo hizo durante toda la tarde, y cuando lo miraba, clavaba sus ojos osadamente en mí. Hablamos de la reencarnación, y de Dios, y de fenómenos parapsicológicos. Me dijo que creía profundamente en la magia. Dijo que es importante tener fe en lo que no tiene explicación, y recordé una frase de «El Alquimista» que dice: «cuando quieres algo con la suficiente fuerza, el universo entero conspira para ayudarte a conseguirlo». Entonces respiré profundamente, y dije: «Sí, y por eso estoy segura de que cambiará de opinión y nos permitirá rodar en el balcón de la Casa Rosada«. La mesa entera se sumió en un tenso silencio, y el presidente dijo: «Todo es posible». Se me cayó el corazón al suelo. El dueño se acercó y dijo que era la hora de cenar. Menem me preguntó si deseaba lavarme las manos. Encontré esa costumbre bastante extraña, pero supuse que era un obseso de la higiene. Quizá tenía aspecto de estar algo sucia. O quizá quería ese tiempo para poder hablar sin que yo estuviera presente. Me pasé bastante tiempo dando vueltas por el baño, y observando la decoración de la segunda planta. Unos quince minutos después, cuando bajé por las escaleras, vi que todos los hombres estaban alrededor de la mesa, esperándome. El presidente apartó la silla para mí, y cuando me senté, todos los demás se sentaron. ¡La caballerosidad no está muerta! La cena fue bastante sosa, no así la conversación, Hablamos de todo: desde Mao Tse hasta el mambo. A las once, salimos al exterior, donde el helicóptero nos esperaba con su estructura de insecto gigante. El presidente tomó mi cara entre sus manos, me besó en la mejilla y me deseó buena suerte. Volvimos a la ciudad, y me sentí flotar en el interior de la cabina. Sin duda, me había embrujado. Tan sólo esperaba haber hecho lo mismo con él.

Viernes 09 de febrero de 1996

No existen palabras para explicar lo terriblemente cansada que me siento. No he conseguido dormir en días, y cuando lo hago, no siento alivio alguno. Mis sueños son violentos, llenos de traición. Como en mi vida real, no existe escapatoria. Ahora puedo sentir el peso y la responsabilidad que representan hacer esta película. No puedo hablar de Evita o su vida sin tener que defenderme de las críticas o acusaciones de otros. Me observan vaya donde vaya. Me critican cuando hablo, y ridiculizan cuando guardo silencio. No existe tal cosa como quietud en mi cabeza. Siento que puedo desplomarme en cualquier instante. Querría llorar en nombre de toda la tristeza que agosta al mundo, especialmente por la mía propia. Dios Santo, ¿dónde me he metido?, ¿qué me pasa?

Domingo 11 de febrero de 1996

Ayer, tras diseñar un plan muy elaborado, conseguí escabullirme de mi hotel, oculta en la parte trasera de una furgoneta, cubierta por una manta. Una vez salimos de la ciudad, pude sentarme en el asiento delantero, y disfrutar de la vista y los paisajes. Ni policías, ni guardaespaldas, ni cámaras, ni ruido. Fui a un rancho privado, propiedad de la compañía que distribuirá la película en Argentina. El conductor, un jugador de polo que posee varios caballos, es uno de los miembros de la compañía. Luego de una hora de viaje, entramos en una estrecha y mugrienta carretera que atravesaba varias granjas. Nos detuvimos en la última. Al bajarme de la furgoneta, seis de los perros más sucios del mundo se abalanzaron sobre mí, llenándome de barro. Algunos niños, los hijos de los cuidadores, rieron ruidosamente. Las llanuras se extendían como manchas de tinta hasta donde los ojos alcanzaban. Las vacas pastaban en el campo, mientras hermosos caballos de polo se mantenían impasibles como estatuas a mi alrededor. Todo parecía tan irreal, como un sueño del que nunca quisiera despertar. La casa en sí misma era el ejemplo exacto de un rancho rural, con un inmenso porche que giraba alrededor, y añosos árboles en las cercanías. Me sentí plena y contenta de poder observar a los trabajadores alimentando a los caballos y recogiendo las hojas. Sin hacer nada, sin ser observada. Sintiéndome anónima por completo. Tras mucha insistencia, me armé de valor y logré subirme a uno de los caballos. Pantalones de satén y zapatos de Prada no son el atuendo más apropiado para cabalgar, y sin embargo, conseguí andar e incluso cabalgar a un trote muy lento. Me vi a mí misma cabalgando a toda velocidad a través del campo, sintiendo el aire en mi cara. Supongo que podría escoger esa vida, si esa fuera mi elección: un marido y unos hijos que me esperaran para cenar. Y entonces recordé que tenía por delante ocho meses de arduo trabajo. Una chica tiene derecho a soñar, ¿a que sí?

Lunes 12 de febrero de 1996

Hoy conocí a la actriz que interpreta a mi madre en la película, y la amo por completo. He visto su dolor, su tristeza; he visto que es una superviviente. Su inglés es tan bueno como mi castellano, pero de algún modo hemos podido comunicarnos a través del idioma del sufrimiento. Me contó un sueño que tuvo recientemente. En él, yo era una niña, y apretaba mi cabeza contra su matriz, diciendo que quería volver al interior. Entonces, rompía a llorar. Si tan sólo supiera cuánto se acerca a la verdad esa imagen… Quizás lo sepa. Mis lágrimas son para ti. ¡Recuerda el sueño! Me ha regalado una preciosa reliquia con una esmeralda incrustada. Ayer por la tarde hubo una demostración en mi honor. Todos mis fans se reunieron para marchar desde el Obelisco (un monumento situado en el centro de la Avenida 9 de Julio) hasta mi hotel. Cuando llegaron, comenzaron a gritar Eva/Madonna, para guardar posteriormente diez minutos de silencio. Entonces empezaron a cantar “Like a Prayer”, y salí a saludarlos al balcón. Casi me pongo a llorar. Mi vida es tan surrealista aquí… No puedo dormir como antes, y mi felicidad es ahora tan distinta… Hay mucho que aprender en este lugar. Mañana empiezo a rodar como la joven Eva, y estoy mucho más que nerviosa.

Martes 13 de febrero de 1996

No sé muy bien cómo, pero he conseguido sobrevivir al primer día de rodaje, tras haber inhalado ingentes cantidades de humo procedentes de un viejo tren, quitando polvo del interior de mis lentillas, y tragándome kilos y kilos de basura polvorienta. Todo estaba tan seco… Hacía tanto calor… Había tanta polvareda… La primera mitad del día fue muy sencilla y agradable, despidiéndome de mi familia mientras subía al tren camino de la gran ciudad. Me encantan las actrices que interpretan a mis hermanas. Dos son inglesas y una es cubana, y me llevo tan bien con ellas que no me resultó difícil imaginar cómo me sentiría al despedirme de ellas. Acabamos de rodar la escena justo a la hora de la comida, y todo el mundo se relajó. Fue muy divertido. El resto del día lo pasé sentada en el tren rodeada de extras a los que no conozco (y que no hablan una palabra de inglés), repitiendo una y otra vez la reacción de Eva en la escena del campo a través. Desde dentro, desde fuera, desde este ángulo, desde este otro. El único problema, además del curioso hecho de que una legión de hormigas, moscas y avispones quería devorarme, fue la tristeza del paisaje, tan yermo y muerto, sin nada en lo que centrar la atención. Sí, sé que de eso trata la interpretación… Alan no parecía darse cuenta del tremendo calor y de las nubes de insectos a mi alrededor. De hecho, jamás lo vi tan vivo y contento. Hasta la última toma del día, no me había dado cuenta de la importancia de rodar aquí. Estábamos rodando un plano abierto en el que el tren recorría las praderas, rodeado por 20 gauchos que galopaban furiosamente alrededor, a medida que el sol se ponía. Jamás vi tal majestuosidad. A pesar de ello, el día acabó en un estado bastante deprimente. Pasé de la ansiedad y los nervios a un estado de eufórico júbilo, tan sólo para caer después en el aburrimiento y la duda. No paraba de preguntarme: «¿cuándo ocurrirá algo divertido?». De hecho, creo que lo dije una vez en voz alta, mientras el tren iba y venía por esas herrumbrosas vías. Supongo que pensarán que estoy como una cabra. Y sin embargo, ahora, mientras escribo estas líneas, me doy cuenta de que éso es justo lo que Eva se preguntaba, por eso se fue de su pequeño pueblo. Poco sabía ella de lo que le esperaba. Poco sabía yo.

Jueves 15 de febrero de 1996

El día de los enamorados vino y se fue con total facilidad, y creo que he puntuado muy bajo en la cátedra de San Valentín. Recibir flores de mi contable no encaja precisamente con mi idea del romanticismo. No suelo confiar mucho en flores enviadas por aquéllos que se llevan un porcentaje de mis ganancias. Hoy ha sido mucho más divertido que ayer, porque hemos rodado una escena en la que todos hablaban y cantaban a la vez. Tuve que flirtear con varios hombres, bailar tango con todos ellos, y dejar al dueño de una revista por el dueño de una compañía de jabones. ¿Es así como se asciende? No lo sé, al menos estaré bastante limpia. No me siento muy cómoda con esta parte del guion. La implicación de que Eva consiguió llegar tan lejos acostándose con hombres poderosos me resulta ofensiva, especialmente porque se me ha acusado de hacer algo similar. De este modo, los envidiosos pueden menospreciar tu fuerza y tus logros. La peluca que llevo parece estar atornillada a mi cabeza. Me he dado cuenta de que actuar en películas es un trabajo seriamente humillante. La gente se sienta a tu alrededor, escudriñándote, girándote la cara a un lado y a otro, susurrando tras la cámara, cortándote los pelos de la nariz, depilándote las cejas, secándote el sudor de la frente, y cubriéndote las líneas de expresión con maquillaje. Mientras preparan el siguiente plano, te dicen que puedes irte a tu caravana, como un perrito bueno, donde tienes el tiempo suficiente como para volverte hipercrítica contigo misma. Te preguntas si eres lo suficientemente guapa, o buena, o delgada o atractiva, e inevitablemente acabas sintiéndote como una rodaja de carne muerta. Rara, mediana o lo suficientemente buena. No importa, mientras la gente quiera comerte.

Sábado 17 de febrero de 1996

Los últimos días de rodaje han transcurrido sin demasiada fanfarria. Ayer vi un partido entre los aristócratas y los pueblerinos, y jamás sentí un calor tan horrible bajo el sol. Hoy tuve que levantarme al alba para poder aprovechar una hora de buena luz entre las ocho y las nueve de la mañana. Después no hicimos nada más, esperando otra hora de buena luz, a las cinco de la tarde. Se me fue un poco la olla, y diseñé una coreografía a lo Fred Astaire y Ginger Rogers. Mi camerino estaba en el interior de un viejo juzgado de sucios ventanales y techos altos. En realidad, parecía más bien una iglesia, pero tenía muchos escalones y robustas columnas en torno a las que bailar, así que durante horas me creí que estaba en Ziegfeld Follies.

Lunes 19 de febrero de 1996

Hoy es mi primer día libre en una semana, y estoy en estado catatónico. Por fin estoy sincronizada con los Estados Unidos, donde hoy es el día del presidente, y todos tienen el día libre. ¿Por qué demonios celebramos el día de unos hombres a los que menospreciamos? Cené con David Caddick y el resto de los miembros del rodaje, y nos entretuvimos imitando a Jodie Foster en «Nell» y cuchicheando sobre quién se acuesta con quién en el rodaje. ¡Todos lo hacen! Me siento como en una mala novela, guardando como oro en paño los secretos sobre algunos maridos calentorros, y sobre tal supuesto «novio» acostándose con tal supuesta «hermana». Por alguna razón, la gente siente la necesidad de contarme cosas privadas. Quizá tenga cara de buena persona. Después de cenar fuimos a un local donde ponen milonga, y pude darle un repaso al tango. Al entrar, me sentí como visitando un bingo. Mesas y sillas esparcidas en torno a un espacio amplio y vacío, potentes luces fluorescentes colgadas del techo, y nadie menor de 60 años. Mucho pantalón estrecho, mucho oro, y mucha lentejuela. Una escena sacada de «Goodfellas» («Uno de los nuestros»). Sólo faltaba Joe Pesci.

Miércoles 21 de febrero de 1996

Creo que me ha picado una mosca tse tse, porque me paso el día con un sueño horrible, desde que me levanto hasta que me acuesto. El insomnio se ha vuelto narcolepsia. Este calor me sume en un estado letárgico, y el tener que esperar durante horas, cosa a la que no me acostumbro, me hace sentir como una muerta. Hoy casi me pongo a llorar de frustración. Hemos estado rodando toda la semana en una hermosa escuela antigua, y por razones de seguridad, mi maquillaje, mis vestidos y los utensilios de peluquería están en la sala principal, bastante pija y lujosa. Techos altos, y pinturas colgadas en las paredes. Sillones de cuero gigantes y candelabros venecianos. Si por mí fuera, me hubiera pasado el día entero en esa sala, con sus balcones y sus escaleras de mármol, y su sala de ciencias con aspecto de museo de historia natural. No puedo imaginarme a críos correteando por entre los vestidores. Pasé el día observando los mamíferos disecados y los artefactos antiguos, pero nada podía distraerme de mi sensación de total inutilidad. Estamos rodando algunas escenas en las que Eva muestra su caridad, donando zapatos, medicinas, y regalos a los niños pobres. Lo llamo la semana del chollo. No hay diálogos, tan sólo besos, abrazos, cambios de ropa, y fotografías. Ronquido. Hablando de balcones, hemos recibido una invitación formal para visitar al presidente en su residencia privada. Nos arrastraremos por el suelo si hace falta.

Jueves, 22 de febrero de 1996

Ayer soñé con un director del que una vez estuve enamorada. Me invitaba a su casa para decirme que no podíamos estar juntos. Yo me sentaba en la mesa de la cocina, a punto de llorar. Entonces, él dijo: «una vez describiste el cuerpo masculino como poderoso; ¿cuál es tu definición del poder ahora?». Y yo contestaba: «el poder oír que no te quieren y no sentirte destruida por ello».

Viernes 23 de febrero de 1996

Hoy está lloviendo a cantaros, y aunque me gusta la idea de un día libre, me sentí decepcionada cuando se canceló el trabajo. Debíamos grabar la escena en la que me dirijo a los trabajadores, subida a la parte trasera de una furgoneta, mientas Perón está en prisión. Estaba preparada para lanzar mi terrible y furibundo discurso, pero la Madre Naturaleza no parece querer cooperar. Lo que sí tuvimos fue una pequeña charla con el presidente Menen en su residencia privada. No fue tan divertida como la primera vez; Alan, Antonio y Jonathan también estuvieron presentes. Fue mucho más formal. Alan reiteró lo mismo que dijo en la conferencia de prensa: básicamente habló de la libertad de los artistas para expresar aquello que desearan. Todo el mundo se comportaba muy educadamente y yo no lo aguantaba más, así que, en mitad de una profunda discusión filosófica sobre pizzas, dije: ¿Cuándo hayamos terminado de hablar de pizzas, podremos hablar un poco de balcones? Y Menen dijo que no había problema alguno. Podríamos usar tanto el balcón como cualquier otro edificio gubernamental. Casi me pongo a saltar de alegría, pero Alan se encargó de bajarme los humos cuando dijo que se habían gastado tanto dinero creando una réplica del balcón en Londres, que ya no tenía sentido grabar en el balcón real. Sin mencionar que no tenemos la iluminación adecuada. ¿Pero no pretendíamos convencer al presidente de que nos dejara rodar en el balcón?, ¿no era ésa la intención de todas estas conversaciones? Menudo honor poder estar en ese balcón, mirando a centenares de personas en la plaza, mientras canto «Don’t cry for me Argentina«. Espero que Alan cambie de opinión. Consultaré a las estrellas, y haré algo de brujería. Se me olvidó mencionar a la hija de Menen, Zulemita. Una chica de aspecto triste y desolado, increíblemente frágil. Sostuvo la mano de su padre entre las suyas todo el día, mientras le susurraba cosas al oído de un modo muy íntimo. Me quedé embobada mirándolos.

Sábado 24 de febrero de 1996

Esta mañana me desperté con lágrimas en los ojos, notando la humedad de mi almohada. Soñé que era Evita y veía la versión cinematográfica que estamos rodando. Al verla, me dí cuenta por primera vez de que estaba muerta, y comencé a llorar, hasta que las lágrimas fueron un torrente incontrolable, y los suspiros y lamentos me despertaron.

Lunes, 26 de febrero de 1996

En los últimos dos días hemos estado grabado escenas nocturnas, y cada mañana me levanto sintiéndome totalmente destrozada. A diferencia de los argentinos, no soy una persona nocturna. Mi cuerpo se niega a acatar órdenes y seguir instrucciones después de la media noche. Hemos rodado en La boca, un distrito en su día muy chic. Sin embargo, la fiebre amarilla que arrasó la vecindad en los años veinte hizo que todos los ricos se movieran a otras zonas, dando paso a oleadas de inmigrantes italianos. Hoy sigue estando habitada por inmigrantes pobres, no muy contentos con nuestra presencia a juzgar por las piedras que nos lanzaron. Tuvimos que trabajar entre ellos, y me pasé la noche oyendo maullidos y proposiciones indecentes por parte de hombres sesentones. Había niños por todos lados pidiendo dinero, y entre toma y toma, acudían como bandadas de pájaros a las mesas en las que los extras estaban sentados y robaban los restos de comida. He de decir que los animé todo el rato a seguir robando.

Miércoles, 28 de febrero de 1996

A medida que me adentro en las profundidades de este laberinto llamado «rodaje», me siento más fascinada por el ingente número de posibilidades distintas de sentirse triste y sola. A medida que me siento más aceptada por parte de los argentinos, me siento más apartada del resto del mundo. Apenas hablo con mis amigos, y cuando lo hago, soy incapaz de expresar todo lo que siento. Al principio me escribían cartas o enviaban regalos. Ahora, cuando vuelvo al hotel, encuentro el fax vacío, y ningún mensaje en el contestador. Mi familia y mis amigos se resume a los miembros del rodaje. He desnudado mi alma ante ellos y ni siquiera me conocen. Hay una cierta reserva cuando alguien debe mostrarse vulnerable por completo delante de extraños. Cuando estás solo te das cuenta de cosas que de otro modo ignorarías. Por ejemplo, hay un grillo en mi habitación. No puedo verlo y no sé dónde está, pero sé que es un aviso de otro día de irascible calor. O quizá llueva.


CONTINUA EN LA PARTE 03 AQUÍ


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